Mingo & Los Efikazes
Al día siguiente..... En el Miner, el desquite
Y tan frescos. Como si nada hubiera ocurrido la noche anterior, nos encontramos todos en el barrio de Loiola, con una espina profundamente clavada en el ánimo. Tenemos claro que esta vez no habrá loriñones antes de la actuación, también haremos una cura de humildad y probaremos voces y sonido general..... Ina nos mira desde la barra. Su cara de mosquetero vividor nos sonríe: «ya te dije que esas cervecerías son para tontos» y en su sonrisa hay un deje de sabiduria de barra. Tenemos espacio donde colocarnos, tenemos tiempo para dejar todo en su sitio y tenemos ganas, muchas ganas de sacarnos esa espina que duele. Karmina nos sigue hacia los bocatas-cena. Javi Montón ha encontrado el trabajo que le dará tranquilidad en esos malditos 30 de cada mes, pero tiene el precio de estar pillado hasta las diez y media de la noche, eso nos condicionará a partir de ahora. El bar está a medio asta pero Fausto ya nos espera con un patxarán en la mano - los Gaiztarros que no fallan -. La noche se mueve entre nubes que sí y que no, que ahora lluevo que ahora me despejo. Tengo confianza en que la gente se anime a venir, la gente de barrio se arriesga a lo que no conoce... Ayer se vendieron todos los cd's que dejé en la barra. Comenzamos de manera acústica y al trote del caballo de Cosas que suceden (Yonkis) . El bar comienza a coger calor y sale humo al ritmo swing de La calle de la incompasión. La banda se recrea, incluso me permito lujos en la voz. Presento a los chavales dejando a cada uno su espacio. Todos lo disfrutan. Te vi caminar, Sentado en mi sillón, Si buscas pelea, Viernes de paga.... Todas en sus diferentes tiempos, sus cadencias, finales que crecen y no quieren morir en las baquetas de Javi Montón. El bajo del Otxoa, poderoso, hace un potente cemento entre las armonías de Fernan y las de «Fisuras». Dejo que las canciones lleven su vida, no me entrometo en ellas más que lo justo, allí donde veo el hueco para ir dejando mi garganta que se va rajando más y más. Fausto nos pide La línea blanca del dolor y del placer (Sara) y le complazco... me lo agradece mostrándome su piel de gallina. Al final Flores para Mery y Lágrimas del Sur vuelven a hacer botar a un bar que está lleno. Quieren más y encadenamos Todo va bien y una última Te vi caminar, que tiene la facultad de sacar todo lo mejor de Iñaki y convertirse casi en un himno lleno de energía. Hemos bailado, hemos sudado, hemos dejado mucha energía en un concierto mágico, perfecto de ambiente, de intensidad. Ina nos lo agradece con su sonrisa de buenagente. La chica del fondo no se ha perdido detalle. Viene a darme un beso, a que le firme el cd que ha comprado, a que sepa que ha sido un concierto digno de no olvidar. Otra espontánea me pide que le deje la Ovation para cantar una ranchera y mi Ovation se nacionaliza mexicana en esos momentos, incluso le hago coros en «Pero sigo siendo el rey» (y no estaba preparada para la ocasión). Un anciano de mirada acuosa me regala una flauta hecha por él de una caña gigante y verdeada, y que tan sólo era un regalo, que no quería nada a cambio, bueno sí, que le dedicara un cd a su hija, todo como en un cuento de García Márquez; tan real y tan extraño a la vez.... Y luego el Ina se negó a entrar más en la barra porque él era el dueño de esa fiesta que veía a su alrededor y éstas se hacen para disfrutarlas, para agarrarlas de la cintura y bailar con ellas. Y así hizo hasta que tuvo que cerrar a eso de las 4 de la madrugada.